Tomas por Templo la vasta llanura,
y por culto el candor de las estrellas
cuando la noche tibia del verano...
guardas silencio y no turba las brisas
sobre las rocas la cítara muda –
colgado del árbol el Vellocino –
los innumerables versos volaban
en pliegos de papel como hojas muertas;
Tú me enseñaste dónde estaba Orión
y cuando estaba apartado y enfermo,
sólo tu divino aliento podía
convertirse en bálsamo para mí
– por eso en la nocturna soledad
deseo marchar solo a campo abierto.

“Urania”
Domingo 8 de Julio de 2001