El coro repetía al unísono
los gritos de las madres espartanas
y Tú mientras alzaste al Cielo un brazo
para imitar el dolor de los padres,
y cuando el orgulloso Áyax vencía
en la locura a miles de ejércitos
tus ojos se abrían desorbitados,
queriendo huir, pero sin vivir más –
tan pequeño era! – el nombre de POLIMNIA
para siempre se me quedó grabado
en lo más profundo del corazón.
En el monte Parnaso habita un Templo
ya derribado, en ruinas, donde suele
caminar descalza y declamar versos.

“Polimnia”
Domingo 8 de Julio de 2001