Así pude sentirme entonces – solo,
triste, como llevado por el tiempo
hacia valles más verdes – donde nacen
el Día y la Noche – el Sol y la Luna;
y me quedaba mirando, distante,
cualquier cosa, por el solo placer
de proyectar en ella mi Espíritu
– durante horas – tal vez – abandonado.
Y aún ahora, cuando fijo la mirada
en todos aquellos objetos, puedo
adentrarme en las grutas del Pasado
– puedo abandonar mi cuerpo – observarme
– cuando era sólo un niño – aquellas horas
– en las que siempre me asustó la Muerte.

“Remembranza”
Martes 19 de Junio de 2001