Fui Espíritu fugaz que iba y venía
sincero y ágil por la habitación
– de las ascuas del fuego al alto techo,
de la agradable paz al césped solo –
De repente sentí como encerrado
mi ser dentro del ojo de Isabel
– escuché voces de Edita y de Diego
y de Esther y Santiago, pero sólo
podía ver a Alberto en torno mío;
cuando me liberé de aquella cárcel
de nuevo me detuve ante los ojos
de Alberto y a pesar de oír voces
de Edita y Santiago, de Esther y Diego
sólo pude ver a Isabel sonriendo.

Allegro del Concierto para dos violines de Antonio Vivaldi
A A.A.M. e I.B.V.
Puente Viejo
Viernes 2 de Marzo de 2001