Los vaivenes del vagón le arrastraban
sin saber por qué, en movimientos torpes,
hasta el lugar más apartado y sucio
del miserable tren lleno de gentes.
La expectación de una tarde otoñal
generó una atmósfera silenciosa,
se apoyaba en un barrote de hierro
suplicando limosna (el Indigente).
Los vaivenes callaron. Su Espíritu
desplegó la austeridad más gentil:
su brazo tembló, pero abrió la mano.
Llenaban con monedas relucientes
sus atrevidas manos para honrar
con más mentiras la falsa humildad.

“Spirito gentil” de la Ópera La Favorita de Gaetano Donizetti
Lunes 1 de Enero de 2001