Cuando al amanecer los rayos quedos
de la rosada aurora se perdían
por entre los cristales que mordían
tus ojos... no lloraban?... siempre ciegos.
Olvidé las palabras que decían
tus labios, tu voz... tus ojos!... tus dedos,
y hoy en la Iglesia – entre rezos y ruegos
me acordé de aquellos cristales que ardían.
Recuerdo la habitación solitaria,
ora en temprana hora llena de juegos,
ora en triste compaña tan esquiva,
y recuerdo también cómo podían
tus tan débiles brazos con plegarias
de niños sin valor y de ojos ciegos.

“Wenn Wir in Hochsten Nothen Sein”
de la Cantata BWV 641 de Johann Sebastian Bach
A J.G.M.
Sin fecha