El día que Tú faltes moriré
y cuando me recuerden que viví
junto a Ti años enteros tan feliz,
como una sombra me consumiré.
Cuando Otros, que no Yo, adoren en mí
el Genio que se marchitó, diré
que sucumbió marchito porque fue
un sorbo del Cáliz del que bebí.
El día que Yo falte, lo que fui
sin pena ni gloria volverá a ser
lo que Tú y Yo no quisimos que fuera;
y en vida tendré que verlo sufrir,
dejarlo macerar para después
que tenga que ser lo que el Cielo quiera...
Adagio de Tommaso Albinoni
“Vanitas”
Sin fecha
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