Permaneció a salvo en simas profundas,
austeras cuevas fueron su refugio –
quemó incienso para propiciar himnos
de desesperación y de venganza –
Némesis escuchó sus palabras de ira:
su familia, muerta – y a los que amó, muertos
– el incienso mezcló con sus lágrimas
la brisa del Norte y se entregó al aire –
Y cuando el tropel de oro y plata estaba
atravesando triunfal por senderos
el frondoso bosque, una sacudida
advirtió su peligro. La masacre.
El Rin tragó sus naves y una lluvia
muy fina desgastó sus armaduras.
Allegro del Concierto de Brandenburgo nº III de Johann Sebastian Bach
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Y mientras corría ladera abajo
vio en el horizonte columnas de humo –
y el cielo se volvió rojo – escuchó
ecos distorsionados de dolor –
Entonces aceleró más su marcha,
olvidando cualquier presentimiento –
los latidos fueron aún más potentes,
pero no desistió y alcanzó la aldea –
Espectáculo tremendo! – fluía
la sangre como arroyo por las calles
y los rezagados asesinaban
sin distinción a mujeres y niños –
Enterró a los suyos y marchó a grutas
sólo iluminadas por luz del sol –
Adaggio del Concierto de Brandenburgo nº III de Johann Sebastian Bach
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Desde el lejano promontorio verde
advirtió el brillo tenue de las armas –
puntos pequeños de destellos puros
que se perdían en el bosque negro –
vio desfilar las ordenadas filas
de soldados adustos vacilando –
y el reluciente destello argentino
de aquellas armaduras le cegó –
Vio la playa. El estandarte tirano.
Las naves que chocaban en la arena
vomitando el estertor de la guerra –
y el grito ensordecedor de los hombres
tomando tierra resonó en su pecho
confundido con el miedo y la furia –
Allegro Moderato del Concierto de Brandenburgo nº III de Johann Sebastian Bach
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